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¿Qué tanta importancia deben darle los candidatos presidenciales a la Industria Tecnológica Nacional?

Columna Directorio Asociación de la Industria Eléctrica – Electrónica, AIE 

Quizás la principal razón por la cual Chile no ha logrado salir del subdesarrollo es el bajo nivel de aporte tecnológico de la industria nacional, no por falta de capacidad sino de políticas que la sustente. El análisis de la mirada que entregan los actuales candidatos presidenciales en cuanto a la tecnología genera una alta inquietud, debido a que el desarrollo de tecnológica se ve como un tema prescindible y no valorado, ubicando a Chile como un productor de materia prima sin aporte de valor agregado. A esto se suma que, en los últimos años, la Industria Tecnológica existente ha logrado sostenerse en forma independiente, bajo una afanosa tarea del sector privado, con pocos pero magníficos avances en nuestro país, a pesar de que los gobiernos de turno no han podido desarrollar políticas públicas de largo plazo. Si bien han elaborado en paralelo iniciativas que han sido un aporte, han sido insuficientes para lograr el impulso que un país desarrollado requiere.

Dentro de eventuales medidas de apoyo, AIE, en su misión de promover la industria tecnológica local, quiere impulsar la fabricación de productos y soluciones chilenas en su fase terminada, logrando que se enfatice más la producción local para que la exportación de materias primas lleve valor agregado. Asimismo, que se confíe en la capacidad y el talento que existe en el país para elaborar productos con igual o mejores prestaciones que los equivalentes importados

 

Actualmente se vislumbra una dinámica que sólo permite generar impedimentos para que se desarrollen en Chile productos de alta complejidad, o que surjan nuevos productos o servicios “Made in Chile”, que no hacen más que privilegiar una mala práctica de ver todo desde una mirada fácil o conseguida de fuera.

Ningún cambio se ha denotado con los últimos gobiernos, que siempre han priorizado y establecido políticas públicas que sólo apuntan a la exportación de materias primas. Sabemos que la forma de promover lineamientos a largo plazo que beneficien a la Industria tecnológica nacional no es tarea fácil, pero no imposible si se genera un trabajo basado en una asociatividad real, con vínculos comprometidos para trabajar en forma mancomunada.

Replicar experiencias internacionales de los países más desarrollados podría ser la tónica ideal, donde el Estado apoye a la industria nacional y se identifique y valore cada día la importancia de la tecnología.

¿Se considerará en las próximas políticas públicas como protagonista a la Industria Tecnológica Nacional?. Esta es la pregunta que debieran hacerse los próximos candidatos presidenciales cuestionándose en este ámbito que implica nuevos desafíos  y una mirada desde un eslabón futurista, real y trascendente. Las capacidades están, pero ningún país ha logrado salir del subdesarrollo si no se puede competir con igualdad, y la igualdad no existe si las trabas a las que debe enfrentarse un productor nacional no fijan una equidad de costos que lo posicione en un sitial de liderazgo en que podría estar.